Así que estuve pensando por un rato...
Poder ver las cosas como son es bueno, no?
Se supone que sí.
Resulta que yo, en estas últimas dos semanas me di cuenta de muchísimas cosas, sin entrar en la negación, sin engañarme. Y a la larga está perfecto. Lo malo es la sucesión de hechos dolorosos o para nada buenos que me llevaron a eso.
Lo malo es tener que dejar de creer cosas de las que estás convencida hace años.
Saber que tantas cosas dichas fueron grandes mentiras que te mantuvieron en pie por muchísimo tiempo. Se caen días, meses, años llenos de momentos de felicidad abajo.
Falsa felicidad.
El lado bueno es que hoy sabés que no vas a dejar que eso vuelva a pasarte nunca jamás. Y que te animan las ganas de seguir adelante y dejarlo todo atrás, buscar todo lo bueno que sabés que en algún lugar tiene que estar. Y sabés que merecés algo real y sólido en lo que apoyarte. Estás llena de energía y querés que eso llegue rápido.
Pero se te arma porque justo lo peor aparece cuando habías logrado ser fuerte y dejar de llorar a lágrima viva por todo lo que te pasaba. Porque se te rompió el soporte, se te quebraron las patas de la silla, y se te fue la fuerza que habías creído encontrar después de tan larga búsqueda.
Y al final terminás por convencerte de que las cosas van a mejorar de seguro y lo bueno que buscás lo vas a encontrar, y vas a estar tranquila de una vez.